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Sofia Carmona
Sofia Carmona

Miss Peregrine's Home for Peculiar Children

Tim Burton, director apreciado por el público donde los haya, regresa a los cines con su décimo octavo estreno, una adaptación de la exitosa novela juvenil del mismo nombre escrita por el estadounidense Ransom Riggs.

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Únicamente desconociendo toda la obra de Burton le puede sorprender a uno que este realizador nacido en la misma California decidiera trasladar a la gran pantalla una novela como la de Riggs, que en un principio iba a ser un álbum ilustrado, se publicó hace un lustro y llegó a lo alto de la lista de best sellers de The New York Times en una fecha tan reciente como abril de 2011, en la que llevaba nada menos que cuarenta y cinco semanas seguidas, y aun estuvo unas cuantas más: sus conquistas editoriales eran una garantía para que la producción saliese adelante con la financiación adecuada, y las características de la historia le vienen como anillo al dedo a alguien con la personalidad fílmica de Burton.

Este cineasta se ha especializado en la elaboración de películas góticas, es decir, aquellas en las que hay misterio, fantasía y terror, pero de un modo lúgubre, surrealista y muy excéntrico, y del terror muchas veces sólo ha escogido sus elementos visualmente más inmediatos, los roles y las apariencias, despojándolos de lo negativo, lo pavoroso y lo violento y dándoles algo tan inesperado como la empatía y hasta la ternura. De hecho, todo lo que les sería propio les es ajeno en realidad, y suele venir de los otros, de aquellos personajes que emanan normalidad, que incluso lucen un porte modélico y una pretendida corrección, y son ellos los crueles.

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Y, aunque en Miss Peregrine's Home for Peculiar Children, el enemigo forma parte de ellos, el caso es que los peculiares se esconden de la gente normal por su propio bienestar, y sí vemos lo incomprendidos que son Jake Portman (Asa Butterfield) y su abuelo Abe (Terence Stamp) en el seno de su propia familia, especialmente en lo que respecta a Frank (Chris O'Dowd), padre del primero e hijo del segundo. Este último, por otro lado, nos recuerda al Will Bloom de Big Fish (2003), que siente rencor por el comportamiento de su padre Ed, un culo inquieto como Abe.

Buena parte del cine de Tim Burton es una especie de autodefensa, como los niños peculiares de Miss Peregrine deben defenderse de lo que les amenaza

Los seres extravagantes son los héroes de Burton, y sus aspiraciones, el meollo de sus películas: recordemos también a Vincent (1982), a Edward Scissorhands (1990) o a Ed Wood (1994) y la falta de comprensión con la que se topan, como a ciertos niveles el Willy Wonka de Charlie and the Chocolate Factory (2005), la célebre protagonista de Alice in Wonderland (2010) y el Victor y el Sparky de Frankenweenie (1984, 2012): no nos cabía duda de que Burton estaría a favor de unir al monstruo y a su visionario creador en el mismo bando de los más pintorescos y extraordinarios.

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Por eso, no habrá podido resistirse a encabezar un proyecto en cuyo nombre ya se menciona a "los niños peculiares" en los que se centra, y no sólo porque su filmografía esté plagada de personajes así, sino porque él mismo fue uno de ellos; y es que buena parte de su cine es una especie de autodefensa, como los que moran en el hogar de Miss Peregrine (Eva Green) deben defenderse de los renegados que les amenazan, dirigidos por el pérfido y ocurrente Barron (Samuel L. Jackson).

En Miss Peregrine's Home for Peculiar Children vuelve la estética más fantasiosa del cineasta, Atwood mediante, y la imagen de Emma Bloom (Ella Purnell) flotando en lo alto con una cuerda atada al tobillo en manos de Jake puede convertirse fácilmente en icónica de su cine, por mucho que la idea provenga de la novela de Riggs. Y es aquí donde la madurez de Burton como realizador se confirma de veras, si bien era lo que ya apuntaba Big Eyes (2014). Esto quiere decir que se siente que sus maneras se han serenado hasta el punto de que el filme parece fluir por sí solo sin audacias, derroches ni estridencias, embarcándonos en una agradable aventura en la que lo insólito es la norma, la cual entretiene en todo momento y nos conduce a una resolución que satisface.

El guion de Jane Goldman, que igualmente tiene en su haber, por ejemplo, los de Kick-Ass, X-Men: First Class y Kingsman: The Secret Service (Matthew Vaughn, 2010, 2011, 2014), complace pero nunca brilla. Y el reparto cumple bien con su cometido; tanto Butterfield como Green, que sigue midiendo muy bien sus interpretaciones para no excederse en sus ademanes, O'Dowd, el veterano Stamp, Purnell y el resto de los que encarnan a los niños peculiares se muestran del todo competentes y creíbles. Jackson, por otra parte, puede permitirse el lujo del énfasis por el villano engreído en cuya piel se mete; y siempre es un plus contar con alguien como la respetada Judi Dench para el pequeño papel de Miss Avocet, pero se la aprovecha muy poco.

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Y podríamos decir que es una pena que Danny Elfman, preferido de algunos, estuviese demasiado ocupado con las composiciones de otros proyectos y no le haya sido posible dotar a este de una de las espléndidas bandas sonoras que suele entregarle a Burton, cuando lo cierto es que la partitura de Michael Higham y Matthew Margeson subraya apropiadamente la acción, aunque no merece mucho recuerdo.

Pero ninguno de los componentes de Miss Peregrine's Home for Peculiar Children la hacen digna de ser recordada; porque, si bien todo contenta, nada destaca especialmente. No pocos aseguran que Burton lleva de capa caída al menos desde Big Fish, y eso sólo porque no ha rodado ningún otro filme de su altura desde entonces, lo cual es cierto, pero las exageraciones en los términos siempre son injustas, y Sweeney Todd: The Demon Barber of Fleet Street (2007) y Frankenweenie no estuvieron nada mal pese a que no alcancen a sus cotas más altas. Y su última película es un pasatiempo sencillamente disfrutable, que ya es mucho tal como está de lánguido el patio fílmico a día de hoy.

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