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Morning Time - Diego Poggi /Agustina Casanova
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La revolución de la Slow TV: ver cosas aburridas puede convertirse en tu nuevo placer

El estadio contemplativo en el que nos encontramos cuando vamos en el transporte público es maravilloso. Si estás cómodo y alejado de tus obligaciones esa nadería del paisaje puede ayudar a que aclares tus ideas o que se te ocurran ideas geniales. Es tal vez por eso que una buena parte de la sociedad noruega lleva tiempo enganchada a la Slow TV, un tipo de programa que arrancó sobre el año 2000 en su televisión pública, la NRK, y en la que los espectadores ven maratones de horas y horas de duración de streamings de cosas de lo más mundanas. Y les encanta.

Contra nuestra cultura audiovisual artificial, un poco de realidad

Hay quien piensa que es la regresión del formato reality show, hoy en día demasiado hipervitaminado. Para otros, es el Gran Hermano aplicado al mundo real, lejos del artificio de los personajes que suelen aparecer en él. ¿Por qué no sustituimos a las personas por pájaros? Eso pensaron en Piip-show, emisión en directo de 14 horas diarias de dos pajareras en las que herrerillos, trepadores y alguna que otra ardilla entraban y salían a placer en los comederos. Además, en este caso se trata de una mirada a la naturaleza que contrasta con los documentales de animales, en los que los realizadores pueden manipular los resultados para producir la imagen que buscan y así matar la verdad que esconde la espontaneidad.

La Slow TV se puede agrupar fácilmente dentro de los nuevos slow movements, una congregación de diferentes ramas de nuestra vida que claman por la reducción del frenetismo de nuestro día a día. Desde el Instituto Mundial de la Lentitud han hablado de las ventajas de hacer más lenta la producción de alimentos, el trabajo manufacturado, la educación e incluso el sexo. Geir Berthelsen, fundador de esta especie de laboratorio de ideas, defiende que "la lentitud en las relaciones humanas" produce "una mejor salud y más oportunidades para vivir una buena vida". Para Carl Honoré, escritor de Elogio de la lentitud: Desafiando el culto a la velocidad, debemos arremeter contra el núcleo de esta educación humana en la era "Silicon".

Todo esto bordea, también, con el mindfulness comercial. Muchos de los videos que puedes encontrarte censuran el sonido natural del ambiente para incorporarles música ambiental o cánticos a lo Enya. Pero a nuestro parecer, eso rompe parte del encanto de la experiencia que proponían originalmente en la televisión noruega y que hace que se conecte de forma más directa ese mundo lento y real que desde nuestros hogares teníamos medio olvidado. Además, el sonido es una parte esencial de estas obras. Es decir, si sólo podemos entrar en los paisajes con dos de nuestros cinco sentidos, vista y oído, ¿por qué quitarle encima uno de ellos?

Una terapia desintoxicante de lo más placentera. Mira algunos ejemplos y contanos que te parece.

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