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AT 40 - Casey Kasem
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Black Mirror: Hated in the Nation

Con Black Mirror nunca, y repito, nunca tenemos suficiente. Ya sean redes sociales, tecnología militar, realidades virtuales o hashtags malditos, las historias con las que hemos disfrutado durante estas últimas semanas forman ya parte de la cultura popular contemporánea. Pequeñas e intemporales obras de arte de la televisión dispuestas a hacer añicos nuestra concepción de la moralidad y la ética, haciéndonos partícipes directos de esa eterna dicotomía entre el bien y el mal que nos es tan familiar y que cada día nos impregna, se escurre e invade nuestra pantalla de ordenador, nuestra caja tonta o nuestro móvil smartphone de cinco pulgadas y algunos cuantos megapíxels. Tecno-paranoia al servicio del espectador, o lo que es lo mismo, desgarradoras, perturbadoras y en ocasiones crueles realidades que mezclan diversos avances tecnológicos con conceptos de una alta volatilidad emocional como pueden ser el amor, el odio, la venganza o el rechazo. Todo cabe en Black Mirror.

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Con "Hated in the Nation" llegamos al final de esta tercera temporada resueltos a conocer en qué momento del 2017 se estrenarán los restantes seis capítulos que conformarán la que será la cuarta temporada. Por supuesto con ganas de más. Así nos ha dejado el bueno de Charlie Brooker. Con ganas de más, sí, pero también exhaustos, aturdidos y conmocionados. Afortunadamente para todos nosotros, en "Hated in the Nation" la tecno-paranoia vuelve a hurgar en nuestra perplejidad, haciendo mella en lo más hondo de nuestras conciencias y mostrándonos lo peor de nuestra sociedad, evidenciando otra vez, y por si no había quedado claro, esa descarada tendencia al alza de la bollante y preocupante deshumanización que padece nuestra sociedad. Lo pudimos ver en aquel genial "Nosedive", donde éramos testigos de que las redes sociales podían ser el catalizador perfecto de nuestro odio y nuestro rechazo, demostrando con ello que desgraciadamente las personas podemos ser capaces de lo peor, haciendo aflorar a la superficie nuestro lado más salvaje y despiadado para regocijo de nuestra propia vergüenza.

Todos sabemos que el ser humano es el principal causante de la extinción de los animales. Deforestación, destrucción de ecosistemas naturales, cacerías, contaminación... De hecho, muchos científicos creen que en menos de 50 años la actividad del ser humano habrá causado la extinción de más de medio millón de especies. Este es el telón de fondo en el que se mueve esta enésima realidad blackmirroriana dirigida por James Hawes (Doctor Who, Penny Dreadful) en la que vemos cómo las abejas son una de esas especies que ya se han extinguido y que han sido sustituidas por unos drones insectos autónomos (ADI) que hacen las veces de vectores de polinización. Hasta ahí la distopía de rigor. Pero las abejas-dron, controladas por un ordenador y monitorizadas por un software, pueden ser pirateadas y usadas para lo que sea... Incluso para cometer asesinatos. Hackers, redes sociales, muerte y abejas-dron, la combinación perfecta para otro plato de degustación de Black Mirror.

#DeathTo. Este es el hashtag con el que la gente sentenciará a muerte a cualquiera que haya hecho algo supuestamente reprobable y sea de dominio público. Así de fácil. Así de implacable. Una especie de votación popular en la que, una vez conocida la identidad del desgraciado ganador, las abejas-dron acabarán el trabajo introduciéndose en su cerebro para provocarle una muerte cruel y dolorosa. Una crítica a la salvaje animadversión y el odio gratuito que se genera en las redes sociales ocultándose y amparándose impunemente en el anonimato y el derecho a la expresión libre. Otro debate caliente sobre los límites de la libertad de expresión. Y otra idea siniestra e inquietante salida de la mente enferma de Charlie Brooker, que crea para la ocasión un hashtag que haría las delicias de muchos trolls y haters con alma de psicópata que pululan por las redes sociales y que se jactan de que nadie le puede poner puertas al campo.

"Hated in the Nation" tiene todos los elementos que hacen que esta serie sea una obra de culto, esa deliciosa esencia que mezcla de forma lírica futuros distópicos con crítica social, dilemas morales con malas praxis, y en definitiva, la obsesión por transmitirnos un mensaje que invita a la urgente necesidad de reflexión y autocrítica.